Por su interés, reproduzco el reportaje aparecido en El País del
07/12/2007
Y el pez grande no se comió al chico
Tras evitar su exclusión de la gala, sigue la lucha por defender el territorio del corto
ROCÍO GARCÍA - Madrid -
"Llego el último. Como siempre. Lo siento". El apuro de Borja Cobeaga cuando ve que sus dos compañeros, Daniel Sánchez Arévalo y Eduardo Chapero Jackson, están ya sentados junto al ventanal del Café Gijón, en Madrid, dura apenas un segundo. Se abrazan cariñosos y se felicitan efusivos. Los tres cortometrajistas tienen sobrados motivos: Chapero Jackson acaba de ganar el premio al mejor corto europeo por Alumbramiento, aunque éste no haya merecido una candidatura en los Goya; Sánchez Arévalo ha sido galardonado en el Festival de Alcalá de Henares por Traumalogía, rechazado para competir en esos mismos premios por su excesivo metraje; mientras que Cobeaga empieza en marzo próximo el rodaje de su primera película, Pagafantas .
Tras la polémica surgida por el intento de la Academia de Cine de apartar la entrega del galardón de la ceremonia de los Goya, tres de los mejores directores de cortos en España rompen una lanza en su defensa. - Álvaro De la Rúa, Luis Almodovar, Rocio Garcia,
Aman el corto, y del mismo modo que un escritor viaja indistintamente por la novela y el relato, ellos aseguran que no ven este formato como un mero pasaporte para el largo. Y lamentan que en España no se sienten apreciados. "Nos quieren más fuera y eso es muy triste".
Muy a su pesar, estos tres cortometrajistas han sido protagonistas, junto a sus compañeros, de una agria batalla que han terminado por ganar. La pretensión de la Academia de Cine de eliminarlos de la gala de los Goya ha puesto de manifiesto algo de lo que se vienen quejando desde hace años: el escaso interés que generan los cortos en la industria y en la propia Academia. En los productores sin ninguna curiosidad por buscar nuevos talentos -"sólo se fijan en los nominados"- y por extensión en los medios de comunicación. Son los eternos olvidados. Pero, por una vez, el pez grande no se comió al chico y aquí están ellos para demostrarlo y defenderlo.
"El corto es la escuela en la que todos los sectores están compactados. Es un formato artístico en sí mismo. Gozas de una libertad, una creatividad y una posibilidad de experimento que es más difícil de encontrar en el largo", asegura Chapero Jackson. "Mi única obsesión es contar historias y hay historias que no soportan el formato largo, es tan sencillo como eso. El corto ha sido mi escuela, he encontrado la libertad absoluta. Cuando más gente te rodea y de más dinero dispones, menos libertad tienes", defiende Sánchez Arévalo, que después de su exitoso primer largometraje Azuloscurocasinegro ha realizado tres cortos. Para Borja Cobeaga, estamos en el momento adecuado en el que no valen ya las excusas para no hacer cortos. "La gente que lo desea puede dirigir el suyo. Se ha convertido en una especie de moda juvenil, pero lo que está claro es que con la cantidad crece la calidad", afirma este realizador donostiarra que trasladó la guerra de Vietnam al pasillo de su casa, el escenario de sus primeros tres cortos.
Al desinterés institucional frente al corto, que contrasta con las salas abarrotadas de público en las decenas de festivales dedicados a este formato en España, se añade otro problema nada desdeñable: la escasa distribución comercial en salas de estas pequeñas historias, de estas pequeñas gemas, como se refiere a ellas Cobeaga. "Huy, me ha quedado muy cursi", se excusa. "Hago los cortos para que se vean en las salas de cine, y no para Internet, que es una pantalla democrática pero puede terminar siendo peligrosa", defiende el realizador de Alumbramiento. También Arévalo es partidario de promocionar este formato en la oscuridad y el silencio compartidos de las salas, pero lo ve complicado -"los distribuidores no ven viabilidad comercial"-. Además, él sí ve más ventajas a Internet que su compañero. "Es la plataforma ideal, es un formato muy indicado para la Red, siempre y cuando tenga suficiente calidad". Cobeaga ve en ésta una oportunidad de democratizar el formato.
La comisión anunciada desde la Academia de que, a partir de marzo de 2008, entrará de lleno en los problemas de los cortos ha llenado de esperanza a estos tres realizadores. Sánchez Arévalo se ha presentado como voluntario para formar parte de la misma. Tienen muchas ideas al respecto. El sistema de selección y que el metraje se ajuste a lo dictado por las normas del ICAA (Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales), sin sorpresas, caprichos o decisiones arbitrarias, lo ponen encima de la mesa. Para el ICAA el cortometraje es el filme que no supera los 50 minutos. Para esta edición de los premios Goya, la Academia, sin consultar, ha decidido que no admite candidaturas por encima de los 20 minutos. Así, se han quedado fuera de la competición Traumalogía, de Sánchez Arévalo -21 minutos- y Limoncello, de Cobeaga -también con 21 minutos-. "Es una decisión absolutamente arbitraria", denuncia Cobeaga.
En cuanto al sistema de selección -"no hay ninguno perfecto pero es muy perfeccionable", dice Chapero Jackson-, apuntan la idea de que se haga mediante una suma de la puntuación de los principales festivales de cortos y la valoración de una comisión "más representativa" de la Academia. "Tienen que llegar a la selección mediante una criba más objetiva", coinciden.